probioticos

Los probióticos se definen como: “microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas confieren un efecto beneficioso a la salud del hospedador”.

¿Pero qué son los probióticos realmente? Se trata de bacterias que habitan normalmente en el intestino humano, constituyendo lo que se denomina la microbiota intestinal. La microbiota intestinal presenta múltiples funciones en el organismo, no sólo intestinales sino también generales, como algunas relacionadas con el metabolismo y con el desarrollo y entrenamiento del sistema inmune.

Una microbiota equilibrada es fundamental para un estado de salud adecuado. Cuando las poblaciones bacterianas pierden ese equilibrio, se denomina disbiosis. Las disbiosis están asociadas a múltiples patologías, que van desde alteraciones digestivas como diarrea, estreñimiento o enfermedad celíaca a patologías endocrinas como síndrome metabólico o diabetes; enfermedades alérgicas como asma o dermatitis atópica y un largo etcétera.

La historia del uso de los probióticos empieza como tantas veces en Medicina, con la observación de unos hechos. Desde la antigüedad, el hombre ha utilizado bacterias para fermentar alimentos para que se conservaran mejor. La leche fermentada (yogurt) era un alimento muy popular en algunas poblaciones en las que se constató una superior esperanza de vida. Este hecho animó a investigar sobre las causas y se aisló la bacteria responsable de la producción del yogurt, el lactobacilo que convertía la lactosa de la leche en ácido láctico, que a su vez creaba unas
condiciones en el intestino que dificultaban la colonización de bacterias patógenas.

Desde estas primeras investigaciones se ha avanzado mucho en el conocimiento de estas bacterias y se han aislado numerosas cepas que han demostrado un efecto beneficioso para la salud. Pero no cualquier bacteria que convive con el ser humano puede ser considerada como probiótico. Para que se le pueda denominar así, tiene que cumplir una serie de requisitos:

  1. Ser de origen humano.
  2. Demostrar sin ninguna duda que no presenta capacidad patógena.
  3. Tener una probada seguridad y tolerabilidad.
  4. Una buena supervivencia en las condiciones intestinales fisiológicas
  5. Demostrar un beneficio para la salud.

La evaluación de la eficacia de los probióticos en la salud humana requiere la identificación de los microorganismos a nivel de cepa, debido a que los efectos saludables demostrados para una cepa microbiana específica, no son extrapolables o atribuibles a otras cepas de la misma especie. Una cepa probiótica se identifica por su género, su especie y una designación de cepa alfa numérica. Las especies de Lactobacillus y Bifidobacterium son las usadas más frecuentemente como probióticos.

¿Para qué sirven los probióticos?

De manera general, los probióticos se utilizan para restaurar el equilibrio en la microbiota intestinal. Este equilibrio ha podido romperse por dietas inadecuadas, situaciones de estrés o toma de antibióticos u otros medicamentos. En este sentido, una dieta equilibrada y personalizada puede ser beneficiosa.

De forma más específica, determinadas cepas han demostrado en estudios de laboratorio y en ensayos clínicos, un papel concreto en determinados aspectos, por lo que pueden ser empleadas en esas situaciones.

Actualmente la investigación ha arrojado datos muy interesantes sobre el papel de determinadas cepas en el funcionamiento del sistema inmunitario. Las cepas Bifidobacterium breve CNCM I-4035, Lactobacillus paracasei CNCM I-4034 y Lactobacillus rhamnosus CNCM I-4036, han demostrado incrementar la producción de IgA intestinal e inhibir el crecimiento de enterobacterias patógenas y rotavirus.

Otro interesante estudio clínico, demostró cómo la cepa Bifidobacterium longum CECT 7347, podría ayudar a mejorar el estado de salud de los pacientes con enfermedad celiaca. Éstos presentan alteraciones en la composición de su microbiota intestinal y una respuesta inmune alterada, incluso cuando siguen una dieta libre de gluten. La administración de esta cepa, ayuda a revertir este desequilibrio y a mejorar el estado de salud de estos pacientes.

Otro ejemplo, es el papel de una mezcla de tres cepas probióticas, Bifidobacterium lactis CECT 8145, Bifidobacterium longum CECT 7347 y Lactobacillus casei 9104, en la sintomatología de pacientes con dermatitis atópica de leve a moderada. En un estudio publicado recientemente en JAMA Dermatology, se demostró que la administración de esta mezcla probiótica durante tres meses, conseguía una reducción significativa de la sintomatología.

También hay interesantes estudios respecto a la bacteria Bifidobacterium lactis BPL1 y su papel a nivel del metabolismo de las grasas y la obesidad.

Actualmente, la investigación se está ampliando cada vez más. Se está estudiando el papel de distintas cepas probióticas en patologías metabólicas, neurológicas o endocrinas entre otras.

¿Cómo tomar los probióticos?

Los productos con probióticos que necesitan unas condiciones de conservación estrictas, sobre todo en cuanto a temperatura, son cada vez menos utilizados. Actualmente, la tecnología, permite la comercialización de bacterias probióticas liofilizadas que mantienen su viabilidad durante todo el período de caducidad, siempre que no se les someta a temperaturas extremas.

Cuando el paciente toma alguno de estos preparados, debe tener la misma precaución, es decir, no mezclarlo con líquidos calientes.

Pero ¿cuándo tomar los probióticos? Generalmente se recomienda la toma de probióticos por la mañana, coincidiendo con el desayuno. De esta manera, el paciente no está en ayunas, ni va a tomar una comida copiosa. Esto hace que las condiciones que va a encontrar la bacteria en el aparato digestivo sean las óptimas, siempre, que como ya hemos dicho antes, no se mezcle con un líquido excesivamente caliente.

Una precaución que sí hay que tener en cuenta, es la asociación de probiótico y antibiótico. Los antibióticos pueden disminuir la viabilidad de las bacterias probióticas, por lo que es necesario separar la toma de ambos productos el mayor tiempo posible, al menos 4 horas.

Los mejores probióticos

Como ya se ha explicado anteriormente, las acciones de los probióticos son cepa-dependiente. Existen cepas generalistas, que tienen un papel más básico, enfocado principalmente al reequilibrio y repoblación de la microbiota y existen otras cepas específicas, que como ya hemos explicado, han demostrado su acción en patologías o situaciones concretas.

Dependiendo del objetivo que se haya planteado para la administración de un probiótico se podrá encontrar el más apropiado a cada caso.

No existen probióticos mejores que otros, sino adecuados o no adecuados. Hasta no hace muchos años se hablaba de probióticos en general y de su uso indiscriminado en cualquier situación. Ahora la investigación nos ayuda a afinar mucho más en su uso, teniendo cepas disponibles para situaciones
diferentes.

Tampoco el número de cepas mejora la calidad del producto. No es mejor probiótico el que dispone de más cepas, sino el que las tiene más adecuadas para el objetivo a cumplir.

Lo que sí hay que exigirle siempre a un probiótico es que las cepas que contiene estén identificadas a nivel de especie, género y cepa (por ejemplo: Bifidobacterium lactis CECT 8145; donde Bifidobacterium es el género; lactis es la especie y CECT 8145 es la cepa identificada) y que estas cepas dispongan de sus estudios correspondientes.

Si ya tienes claro qué son los probióticos tenemos un servicio especializado de complementos alimenticios que te puede asesorar.

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